Nuevas alumnas.

Hace un par de semanas, dos alumnas nuevas comenzaron a recibir las clases de cómic  que imparto en Liceum. Al llegar al centro, la madre de una de las alumnas me explicaba preocupada las dificultades que tenía su hija para hablar.  Algo que me recordó a mi ex-alumna L. a quien impartí clases de cómic en mi estudio hace ya más de un año.

El día que conocí a L., la madre me explicó la gran pasión que tenía por ilustrar y contar historias.

Y además me explicó que su hija tenía TEL (Trastorno Específico del Lenguaje). Me insistió mucho en esto porque en el colegio los profesores adaptaban las clases o no.

¿Era necesario contarlo?

Sí, claro. Como docente, te ayuda a entender mucho antes lo que el alumno necesita para adaptar las clases a sus necesidades, pero para mis clases no era necesario por nada en especial.

Digo esto, porque en los dos casos, ambas madres me hicieron la misma pregunta: ¿podrán desarrollarse bien en las clases de cómic?

El objetivo en mis clases es introducir a los alumnos en el mundo de la creación de cómics y que puedan disfrutar desarrollando sus propias historias y expresarse de forma escrita y gráfica.  L. y P.  podían disfrutar y desarrollarse perfectamente de las clases de cómic.

Nuestros deseos.

El iniciar una formación, debería de tener principalmente una aspiración ociosa de la que disfrutar. Sobre todo los primeros años. Pero los educadores quieren lo mejor para sus educandos y proyectan sus expectativas sobre ellos. Supongo que los padres se llenan de expectativas cuando miran a sus hijos.

Quitan y ponen en su vida lo que consideran que será lo mejor para ellos.

A veces, privando de experiencias nuevas y otras, dándoles experiencias con las que no disfrutan porque es lo mejor para su futuro. Como padres, profesores, jefes o amigos proyectamos esas expectativas sobre los demás y cargamos su mente con un peso ajeno. Y muchos acabamos viajando con una maleta que no es nuestra destino a la playa con ropa de montaña.

Lo necesario.

Es importante que todos seamos felices con lo que tenemos y con lo que queremos conseguir y que siempre sea una elección propia. Hablar con nuestro pensamiento. Quitarnos de encima cargas que no nos pertenecen y no cargar a los demás con nuestras expectativas.

Mi ex-alumna L. tenía una dificultad y mis clases de cómic resultaron ser una aportación muy positiva para ella.

No por las clases tuviesen algo en especial sino porque se formaba en algo que le gustaba mucho. Disfrutaba con lo que hacía, eso le daba motivación y se esforzaba, no porque yo se lo dijera sino, porque era su elección, su maleta y su viaje.