Nos descubrimos.

En Instagram nos cruzamos. Yo con su foto de un precioso ramo lleno de alegría y ella con mis Videocuentos. Así fue como Yiriela y yo conocimos nuestras mayores pasiones. Lo que nos da la vida cada día.

Y nos encontramos.

Yiriela me contó que tenía un deseo. Contar la historia de cómo y porqué llegó a ser Wedding planner. Su trayectoria personal y profesional estaban muy vinculadas y necesitaba contarlo; por ella y por su familia.

Una historia, un sentimiento.

Me paso su historia y pude leer mucho más que una simple historia. Todo estaba lleno de sentimientos, Buenos y malos. Pero el pilar férreo que conformó su familia le ayudó amar su vida y luchar por sus sueños.

Percepción y emoción.

La historia es lo que más importa. Nos habla a todos transmitiéndonos sus ideas y sentimientos. Pero también nos ilustra apoyando visualmente el cuento que escuchamos.

Pero lo que vemos en las ilustraciones, va más allá de lo que la historia nos cuenta.

Delante nuestra, hay más historia que la que escuchamos. Es la magia de los Videocuentos.

Mi recuerdo.

Desde que conozco a Yiriela, conocer su historia, hacer sus ilustraciones, la locución, la edición del vídeo y todas las conversaciones, ideas, sugerencias, correcciones… Hacer Videocuentos absorbe mucha energía mental y física.

 Pero siempre merece la pena.

Al final de todo este camino, recupero todo lo perdido y me hace crecer un poquito más.

Sin duda.

Nuestro encuentro ha supuesto un gran descubrimiento para ambas y esta historia me ha dado una inyección de ilusión y entusiasmo para seguir empujando cada día por un día más de satisfacción con Videocuentos.