Mi alumna S es una preadolescente en plena explosión de desarrollo de su personalidad. Tiene muy claras sus ideas y lo dice sin cortarse un pelo. Es muy segura de sí misma y sabe lo que quiere. No significa que vaya a ser en lo que se convierta. O sí.

El día que nos conocimos, se mostraba como una chica tímida a la que le gustaba inventarse historias sobre el amor preadolescente y dibujar personajes basados en la vida real y en series de animación que sigue. Nada diferente a otros adolescentes -que no todos-.

Le propuse crear un álbum ilustrado o un cómic. Se decidió por este último. A los pocos días de empezar, escogió desarrollar una historia sobre el amor adolescente

y mostró un grandísimo interés en el desarrollo del guión.

Al terminar el guion me pidió que fuese sincera con ella y le dijese si tenía talento. La palabra resonó en mi cabeza y yo… me quedé en blanco pues, de cómo manejes esa situación, tus palabras se convertirán para tu alumno en aliento de ánimo, en navajas que corten alas o en una nubes que te ayuden a volar.

Opté por decirle la verdad: has escrito un guion ¡Es un trabajo muy difícil y tu has conseguido completarlo! ¿Sabes el valor que tiene lo que acabas de hacer?

Lo que has hecho es muy grande. Y lo has resuelto muy bien.

Es muy pronto para decir si tienes talento o no. A tu edad, la perseverancia y la actitud son el camino para desarrollar el talento. Practicar para mejorar. Este guión de cómic no es el último, es el primero de muchos más que deberías escribir para mejorar y convertirte en una buena profesional.

Su respuesta: –eso es lo que yo quiero y por eso quería que fueses sincera conmigo, para poder mejorar.