Expresarse.

El día que conocí a L La madre me explicó que su hija tenía TEL (Trastorno Específico del Lenguaje). Me insistió mucho en esto porque en el colegio los profesores no siempre adaptaban las clases a su hija. También me transmitió la gran pasión que tenía su hija por ilustrar y dibujar historias. Sin duda, me decía, se dedicaría a esto en el futuro porque veía un talento innato en ella. Mientras me lo decía, pensaba en lo pesada que debe de ser la vida cuando tienes que moverte con ese terrible altavoz maternal que cae sobre tus hombros y dificulta tanto llegar a hablar con voz propia.

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¿Era necesario contarlo?

Sí, claro. Es importante contar todo aquello que me pueda ayudar a mi como docente, a adaptar las clases. Lo que me llamó la atención es que no dejaba que fuese su hija la que respondiese a la preguntas que yo le hacía a su hija sobre su motivación por la ilustración y el cómic. Finalmente pude conversar un poco con la niña y lo que pensé fue que, si la madre no me hubiese señalado que tenía TEL y dejase hablar a su hija con un poco más de paciencia, ni me habría enterado que padecía ese trastorno. El objetivo en mis clases es introducir a los alumnos en el mundo de la creación de cómics y que puedan disfrutar desarrollando sus propias historias y expresarse de forma escrita y gráfica.  L  podía disfrutar y desarrollarse perfectamente las clases de cómic.

Nuestra propia voz.

Iniciar una formación debería de tener, principalmente, una aspiración ociosa de la que disfrutar. Sobre todo los primeros años. Pero los educadores quieren lo mejor para sus educandos y proyectan sus expectativas sobre ellos. Quitan y ponen en su vida lo que consideran que será lo mejor para ellos. A veces, privándoles de experiencias nuevas y otras, dándoles experiencias con las que no disfrutan bajo el pretexto: ‘es lo mejor para tu futuro’. Como padres, profesores, jefes o amigos llenamos la mente de quienes educamos con nuestras propias ideas. La consecuencia es que muchos acabamos viajando con un peso ajeno llevando una maleta que no es nuestra y cuando nos damos cuenta, resulta que estamos en la playa con con ropa de montaña.

Lo necesario.

Es importante que todos seamos felices con lo que tenemos y con lo que queremos conseguir. Que siempre sea una elección propia. Hablar con nuestro pensamiento, con nuestra propia voz. Quitarnos de encima cargas que no nos pertenecen y no cargar a los demás con nuestras expectativas.

Mi alumna L tenía una dificultad y mis clases de cómic resultaron ser una aportación muy positiva para ella.

No por que las clases tuviesen algo en especial sino porque L se estaba formando en algo que le gustaba mucho. Disfrutaba con lo que hacía, eso le daba motivación y se esforzaba, no porque yo se lo dijera sino, porque era su elección, su maleta y su viaje.