Piedra de mi corazón,

se astilla, se hace añicos,

brilla con el sol y bajo el mar;

suave con las caricias del río,

ruge en lo profundo de la tierra,

cae desde el infinito del universo,

y trae con sigo recuerdos del Más Allá.

 

Su luz ilumina caminos que arden a su paso;

su paso abre caminos en la oscuridad del bosque.

¿Sabes tú qué lugar ocupas en mi corazón?

¿Qué latir tendrás que oiga mi alma?

 

Rozas con aristas sin pulir el vaivén de mi vida,

que por nada para y por algo sigue,

sin dejar nunca atrás su pensar pesado,

su hablar ligero, su andar despacio, su bailar severo.

 

Piedra de mi corazón,

tropiezo contigo en cada latido;

eres mi camino, mi luz, mi recuerdo;

fuerte, robusta, débil, pequeña;

seas como seas, eres mi pesar.

 

 

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