Cuando estaba en el colegio entre amigos/as de nuestra generación, compartía mis aficiones con las de ellos y estas crecían con nosotros. Intercambiábamos intereses entre largas charlas, debates, discusiones, frenéticas actividades y búsqueda de información en la televisión y revistas ¡Teníamos una pasión y disfrutamos juntos! Con el paso de los años y la llegada de Internet, esta forma social de relacionarse ha cambiado.  Cuando a un joven le interesa algo, busca en las redes sociales a alguien que comparta el mismo interés. Y lo sigue. Son seguidores que siguen a seguidores. Con tan solo saber que esa persona tiene los mismos intereses que ello, ya son felices. Sienten que han compartido una parte de ellos que adoran pero ¿es eso así? ¿Han compartido algo realmente?

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seguidores que siguen a seguidores

Compartir en el mundo real.

En realidad, muchos de los jóvenes no comparten nada. En Instagram, Youtube o Twitch, siguen a personas que siguen. Son el final de ese rizo. Detrás de la pantalla ellos saben que comparten intereses pero, nadie sabe que comparten intereses. No hay una experiencia real de contacto en la que se desarrollen tal y como hacíamos nosotros antes de la era de internet. Esta experiencia ha generar una serie de recuerdos nostálgicos que de alguna forma nos mantiene unidos en el tiempo. Pero no solo los adolescente han cambiado su forma de compartir aficiones, también los adultos cambian. Aunque antaño compartir intereses en el mundo real nos ha definido, no es verdad que lo haga ahora pues, a medida que crecemos el tiempo que teníamos para compartir nuestros hobbies, es ocupado por las responsabilidades adultas.

Internet se ha convertido en una cómoda ventana para volver a estar cerca de aquellas personas que comparten nuestros mismo pasatiempos.

Sin embargo, hablamos de adultos que ha desarrollado sus primeras experiencias compartiendo sus gustos en persona con otros niños y jóvenes. Ahora hablamos de una generación que lo evita. Que prefiere quedarse detrás de una pantalla porque están a salvo. Y una parte de mí les entiende perfectamente. No siempre compartir tus intereses ha sido una vivencia reconfortante. Sobre todo al cruzar la adolescencia y cuando compartes clase con treinta compañeros de forma aleatoria.

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El lado equivocado.

Uno de estos recuerdos agrios, corresponden a mis clases de bachillerato. A esa edad, tus gustos se van alejando poco a poco de mainstream y empiezas considerar opciones alternativas. Un día, una compañera clase y muy amiga mía, estaba en un descanso escuchando música y un compañero se burló de su gusto musical. Me enfadó mucho la burla de mis compañeros pues, entre los profesores nos consideraban un grupo de estudiantes respetuosos con los profesores, tolerantes e inclusivos.

Sin embargo, lo que no sabían era que entre compañeros, si tus gusto no coincidían con los del grupo principal de clase, te etiquetaban como ridículo. En la adolescencia está muy presente el “sentido del ridículo” como forma para diferenciar lo que está bien de lo que no y asegurarse así estar en el lado correcto ¿os suena de algo esto? Es el mismísimo Twitter ahora mismo. Tal fue mi enfado que decidí denunciarlo públicamente y de forma anónima para hacerles ver a mis compañeros de clase que ellos no estaban en el lado de los buenos. Eran los malos y no se merecían ser tan apreciados por los profesores. A día de hoy, me arrepiento de ese acto porque, mi compañera supo defenderse de ellos y más tarde me dijo que a ella de la daba igual.

Con los años me di cuenta de la personalidad fuerte y definida que tenía mi amiga.

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Seguidores y seguidos.

Sé que desarrollar la experiencia de compartir en la vida real no siempre es fácil. A veces hay que lidiar con mucha frustración y desengaño pero ¿Cuál es la otra opción? ¿ Pasaros la vida escuchando los gustos e intereses de los demás sin tu compartir vuestros? No siempre podréis vivir una experiencia bonita pero, al no hacerlo también os perderéis todos esos momento en los que podréis emocionaros en persona contando algo que os importa con alguien que os importará cuando paséis de ser seguidores, a convertiros amigos/as.

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